EL GOLPE QUE INVENTARON PARA DESPRESTIGIAR A UN BOXEADOR

(REVIVA EL NOCAUT QUE LE PROPINARA JUAN MANUEL MÁRQUEZ A MANNY PACQUIAO)

A fuerza de manipular el nombre, el ‘lucky punch’ o ‘golpe de suerte’ llegó tan lejos que mucha gente cree en él, por lo general, el fanático.

Con la seriedad que exige la profesión, ningún cronista responsable y conocedor debe utilizar ese nombre como “el impacto que salió y decidió un pleito por nocao”.

De hecho, no existe en manuales la forma cómo se lanzaría ‘el golpe de suerte efectivo’, porque no hay tal.

En los anales de Fistiana, un golpe enviado por un boxeador a un contrario, al que se le calculó antes el tiempo y la trayectoria por un error de movimientos repetido, o de inmediato, pero que se preparó para darlo “por encima o por el lado de la guardia” mirando (Márquez a Pacquiao) o sin mirar al oponente (‘Maravilla’ a Paul Williams) e hizo impacto en la cabeza o en la cara y sirvió para derribarlo por la cuenta definitiva, es lo que muchos llaman ‘de suerte’.

Es una soberana injusticia llamar así a golpes que son el resultado del estudio de algo mal hecho durante un pleito, o de la forma como se aprovechó cualquier falla defensiva por un peleador aplicado, rápido y pegador en cuestión de fracciones de segundo.

Curiosamente, el fanático llama ‘lucky punch’ al que decida por alguien que perdía en las tarjetas y no sé por qué, cuando muchos de los golpes que noquean en el boxeo pueden ser ‘de suerte’ ¿Acaso porque viró el resultado posible a favor del menos esperado? Por favor.

El otro detalle de interés es que los ‘lucky punch’ tienen que ser a la cabeza o a la cara ¿Cuándo ha oído alguien llamar ‘golpe de suerte’ a un gancho o a un ‘uppercut’?

Son detallitos, pero nadie se refiere a la derecha que le metió Marciano a Walcott o Robinson a Fullmer y salvaron sus peleas como ‘de suerte’. La historia del pugilismo está llena de esos impactos que le dieron vuelta a un marcador y nunca se les ha considerado como tales.

En lo que hay que estar de acuerdo es en que, posiblemente un 70 % de las veces que se califique un golpe como tal por la fanaticada, se hace con carácter destructivo, para minimizar una victoria de alguien que, o frustró el pronóstico, o le cae mal al que habla.

La animadversión contra Juan Manuel Márquez llega tan lejos, que los fanáticos que pretenden pisotearlo consideran un golpe de suerte el error de movimientos de pies del filipino Pacquiao: con la soga bloqueándolo a un lado, a la que llegó por el pobre cálculo de la distancia que hizo, desde donde no pudo salir porque, por lo general, NUNCA LO HA HECHO BIEN, entonces el ganador supo qué hacer ante tamaño error y le metió la derecha por sobre el jab que dejó bajo el filipino y casi lo mata.

Ese golpe de Márquez debería perdurar en la memoria como una de las preciosidades de la historia del boxeo, de igual forma que el de Marciano y Robinson.

Ni al boxeo mexicano ni a Márquez se les puede ofender ni desacreditarlos, cualquier intento es un sacrilegio, peor aún, disminuirlo por un signo consecuente de que se porta el virus del odio más allá del boxeo, o porque la pasión ciegue tanto porque se quedara mal, refleja que ni un principiante opinaría peor.

¡Ah!, ese golpe, en vez de llamarlo ‘de suerte’, lo deberían llamar ‘de mala suerte’ (para el que lo reciba), más práctico, más objetivo y más realista…

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