CASTILLO TUVO SUERTE, EN MIAMI OFICIARON DOS JUECES CIEGOS SU PELEA

obaraPor Andrés Pascual

¿Por dónde arrancó? Ah, Breidis Prescott…ni fue ni es ni será “un buen boxeador”, hace un tiempo le ganó una decisión dividida al campeón despojado Richard Abril; algo más atrás, logró tirar un golpe que encontró en la trayectoria, cosas extrañas del boxeo, la mandíbula de Amir Khan y lo anestesió en un primer round más raro que legendario.

Hasta ahí, de sus últimas 10 ha ganado 5, número malo para prometer ni un paseo de 12 rounds sin tirar contra peleadores de clase y verguenza. El célebre peleador del barrio, que yo no dudo que sea buena gente, pero, que al boxeo no puede darle ni un adarme de gloria (ni el deporte a él).

Anoche le ganó en Miami, arena montada en el Miccosukee Indian Resort, a Claudinei Lacerda (17-12, 12 KO’s), oye que nombrecito y lee el récord, por decisión unánime en pelea a 8 rounds; caer de 10-12 asaltos en el boxeo a 8 es como que en el ejército degraden de capitán a cabo a un ex-oficial, eso resulta para el boxeo Prescott (29-8, 21 KO’s): un cabo de escuadra propenso a perder la categoría última en el escalafón por la de soldado raso.

La prensa de Miami tiene por norma utilizar frases de atletas que a veces ni dicen, lo hacen para llenar una cuartilla, el conocido “a falta de pan, casabe”; bien en Cuba, pero ¿Aquí…?

William Castillo (26-3-1, 19 KO’s, FOTO DE LA PELEA), según escribió hace poco un miembro trasnochado de la crónica castrista miamense para la sucursal del Granma sito en El Doral, el Nuevo Herald, “quería emular a su ídolo Román González”, campeón de campeones, lo mejor de la actualidad, a milla y media del que sigue L x L.

Pero Castillo no tiene ni para hablar así, que no es malo, valor le sobra y es verdad que todos los paisanos de Arguello derrochan coraje; anoche, sin embargo, tuvo suerte, porque subió con un juez con buena vista 115-113 que lo vio perder; los otros dos, que botaron 114-114 un pleito que tuvo un claro ganador en el nipón Keito Obara (15-1-1, 14 KO’s), parece que fueron operados de cataratas por la tarde, porque no es posible, porque no hubo la mínima justicia ni el menor asomo de decencia en ese voto tan malo como escandaloso.

Obara superó a Castillo en 9 asaltos, perdió 2 y el otro cerrado, lo mismo empate que por el centroamericano; el japonés, mucho mejor que Castillo, de más estatura y alcance, logró mantener separado al perdedor en el ring con un jab tan molesto como eficiente, cruzando con derechas que lastimaron el rostro del perdedor y metiéndole algunos hooks cuando intentó ir al clinch.

Se supo que William Castillo perdió trillizos, porque su esposa malogró un embarazo, mucho peor que caer como cayó y que le regalaran el empate como ocurrió.

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