BOXEO AMATEUR Y PROPAGANDA CASTRO-COMUNISTA, HABANA-74

En 1974, el tirano cubano inauguró la era de los Campeonatos Mundiales de Boxeo Amateur, al solicitar y recibir para La Habana la sede del primero. La “palabra de orden”, tarea de “contingencia” de todo el pueblo habanero, entusiasta y fervoroso, fue asegurar totalmente, sin excusas ni pretextos, el “éxito del evento”. Parte de ese “triunfo” fue pagar todos los gastos, incluyendo pasaje, de los países “pobres y sometidos”, por ejemplo, los africanos.

Más del 85 % de los participantes eran pobres, pero, los africanos, de vida gregaria y casi salvaje, sin conocimientos sobre confort o artículos de necesidad y uso rutinario.
Sin embargo, la tiranía dictatorial les tenía preparada una gran sorpresa, un momento que, algunos, tal vez lo vivieron esa vez y ni en fotos volvieron a relacionarlo: el gran hotel Havana Hilton, que en 1965 pasaría a manos de sus empleados por un contrato que los haría propietarios colectivos del negocio, abría de par en par sus puertas para una multitud que jamás había defecado en una taza; entonces se tomaron el agua y hacían la necesidad en el piso, se limpiaban con las manos y estas en las paredes; dormían en el suelo con las cortinas como frazadas; apagaban la luz rompiendo el foco, porque nunca habían manipulado un interruptor; se llevaron los grifos de agua y destrozaron los espejos para llevarse un pedazo…

A pesar de que Castro siempre ha sido un estúpido en cosas dignas de inteligencia, no entregó el hotel insignia de la república para que lo destruyeran ni por error ni por tonto ni por apasionado del deporte; sino como un acto proselitista ideológico, que pretendía imponerles a ese grupo de casi salvajes la idea de que solo con el sistema comunista podía gente tan pobre y tan poco educada, vacacionar en un resort de lujo del antiguo jet-set cubano y mundial.

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