El aspirante mundial se impone en Glasgow desde la disciplina, la calma y una forma de entender el boxeo sin artificios
AEBOX/Gonzalo Campos/fotos: Emma Gherman
Cristóbal Lorente ha llegado donde está sin hacer ruido. Sin discursos altisonantes, sin gestos de cara a la galería y sin necesidad de construirse un personaje. Lo ha hecho como se construyen las carreras que perduran: desde el trabajo diario, la disciplina y una forma de entender el boxeo que pone el oficio por delante de cualquier artificio.
En Glasgow, lejos de casa, ante un rival invicto y en un escenario hostil, volvió a demostrar que su camino no tiene atajos. Cayó, se levantó, pensó y ejecutó. Sin perder el orden, sin entrar en el caos, sin traicionarse. Ganó como entrena, como vive y como compite: con calma, con precisión y con una convicción que no necesita elevar la voz para imponerse.
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