
Por Mauricio Sulaimán / Presidente del WBC / Hijo de José Sulaimán
En la historia del boxeo, existen rivalidades que, tan pronto como se anuncian las peleas, se espera que se conviertan en clásicos instantáneos. Para los peleadores de México, enfrentarse a oponentes de Puerto Rico es ya una tradición y una garantía de combates excelentes. Sin embargo, si hay un país específico cuyos rivales los mexicanos nunca pueden olvidar, es el japonés.
México contra Japón no es solo un evento deportivo cuando dos guerreros se encuentran en el cuadrilátero; es un choque de culturas, de orgullo y de corazones valientes que lo dan todo en cada momento —corazones que laten con la misma intensidad cuando se encuentran frente a frente—.

Un nuevo capítulo se escribirá este próximo 11 de abril en la arena nacional de sumo, Ryogoku Kokugikan en Tokio, presentando una cartelera con cuatro combates entre boxeadores de ambas naciones. Mexicanos sólidos y experimentados, tres de ellos excampeones mundiales, se enfrentarán a las estrellas en ascenso de Japón en una función que promete ser espectacular, llena de coraje y determinación.
El Sr. Akihiko Honda, quien celebra el 100.º aniversario de promociones Teiken, es considerado el hombre más honorable del boxeo y ha liderado la actividad boxística en Japón y en toda Asia; de hecho, es un promotor del Salón de la Fama que cuenta con el respeto y la admiración de cada una de las personas en el mundo del boxeo.

El evento será encabezado por el gran campeón mexicano Juan Francisco “Gallo” Estrada, orgullo de Puerto Peñasco, excampeón de peso supermosca del WBC y contendiente número 1 en el ranking del WBC. Su oponente será el talentoso y explosivo Tenshin Nasukawa, clasificado número 2, en un combate de eliminatoria final para determinar al retador obligatorio por el título de peso gallo del WBC. El ganador se convertirá en el retador oficial de Takuma Inoue, quien enfrenta una dura prueba contra Kazuto Ioka el 2 de mayo. El segundo obligatorio de la división es Andrew Cain, debido a que Inoue ganó un título vacante.

Otro excampeón mundial del WBC y gran representante del imperio azteca es Pedro Guevara. El famoso «Pedrín», quien presume de 50 peleas profesionales, se enfrentará a Tomoya Tsuboi, quien, a sus 30 años, apenas realiza su cuarta aparición profesional mientras busca posicionarse como una de las próximas grandes superestrellas del boxeo japonés.
También se presenta Kyosuke Takami, quien fuera campeón minimosca de la WBA y ahora busca reiniciar su camino hacia otra oportunidad mundial contra Ángel “Camaleón” Ayala, otro mexicano que ya ha ostentado el título mundial de la IBF. El cuarto choque México vs. Japón en Tokio presentará a José Miguel Calderón contra el invicto Katsuma Akitsugi, nacido en Japón, residente en los Estados Unidos y promovido por ProBox.

Sin duda, este evento estará lleno de emoción y evocará recuerdos de las batallas épicas entre legendarios peleadores mexicanos y japoneses a lo largo de la historia. Hemos sido testigos de grandes combates entre guerreros de estas dos naciones que construyeron una rivalidad basada en el respeto, la disciplina y el coraje.
¿Quién podría olvidar cuando Ultiminio Ramos, el cubano-mexicano, retuvo su corona en Tokio contra Mitsunori Seki en una de las primeras guerras entre los dos países en 1964? ¿O cuando Rubén «Púas» Olivares noqueó a Kazuyoshi Kanazawa en el round 14?

Ricardo “Finito” López viajó a Japón para convertirse en campeón de peso paja del WBC al derrotar a Hideyuki Ohashi en octubre de 1990, comenzando una historia legendaria como monarca de nuestra organización. Otro mexicano que logró grandes victorias en Japón fue Daniel Zaragoza, quien, en su etapa final como campeón de peso supergallo del WBC, defendió su título dos veces contra Joichiro Tatsuyoshi y una vez más frente a Tsuyoshi Harada.

Otras guerras legendarias fueron encabezadas por Jhonny González y Toshiaki Nishioka, la cual tuvo lugar en Monterrey, México; el campeón del WBC, Nishioka, cayó en el primer asalto y luego noqueó a González en el tercero. Fernando «Cochulito» Montiel destronó a Hozumi Hasegawa en Japón, Naoki Matsuda noqueó a Rudy López en Cancún, Takashi Miura también ganó una batalla en Cancún y, posteriormente, Francisco «Bandido» Vargas derrotó a Takashi Miura en la pelea del año en Las Vegas.


En tiempos más recientes, el «Monstruo» Naoya Inoue ganó su primer título mundial noqueando a Adrián Hernández allá por 2014 para adjudicarse la corona minimosca del WBC, y ha seguido demostrando por qué es uno de los mejores peleadores libra por libra de la actualidad al derrotar a mexicanos como Luis “Pantera” Nery —quien logró derribar a la estrella japonesa— y David Picasso.

Personalmente, me siento muy orgulloso de ver cómo el boxeo sigue uniendo culturas a través de una competencia sana. Estos eventos nos recuerdan por qué amamos este deporte: por su capacidad de emocionar, inspirar y crear héroes que trascienden el tiempo; nunca hay insultos, empujones ni nada por el estilo, todo es deportividad y respeto hasta que suena la campana.
Tengo la certeza de que esta cartelera quedará grabada en la memoria de los aficionados. Porque cuando México y Japón se encuentran en el ring, el resultado es siempre grandeza.

¿Sabías que?
La historia de las peleas entre boxeadores mexicanos y japoneses ha sido intensa, vasta y de larga data. Desde la creación del WBC, los peleadores de estas naciones se han enfrentado en 122 combates por títulos mundiales de nuestra organización. México ha ganado 62, Japón ha ganado 57, con dos empates y una «Sin Decisión».

Anécdota de hoy…
Hablar de esas batallas épicas entre Japón y México me remonta a los años 90, cuando Don Arturo “Cuyo” Hernández enfrentaba una difícil crisis de salud. Él habló con Don José para encomendarle al peleador que consideraba su esperanza para coronar a un último campeón en vida. Su grave condición le impidió viajar a Japón, pero casi un mes antes de fallecer, aún pudo celebrar el título ganado por Ricardo “Finito” López aquel 25 de octubre de 1990. Don Arturo falleció el 20 de noviembre de ese mismo año, pero mi padre se sentía muy orgulloso de que el «Finito» terminara su carrera invicto con 51 victorias y un empate, y de que hubiera podido darle a Don Arturo la última noticia de un campeón —coronando a un boxeador de gran manufactura y técnica refinada—.

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