Frank Warren y Turki Alalshikh.
ENRIQUE MELLADO
Hace tiempo que se venía gestando una guerra por el control de gran parte del negocio del boxeo. En cuanto el jeque saudita Turki Alalshikh se acercó a Dana White (cabeza visible de la empresa TKO en el apartado organizativo), las intenciones eran claras: romper con la fórmula tradicional y crear una competición al estilo de UFC que cuente con su propio ‘roster’.
Involucrar a White era dar un portazo en la cara a los promotores de toda la vida (Top Rank, Matchroom, Queensberry, Golden Boy…), que para Alalshikh aún son necesarios, pero que a corto o medio plazo se pueden ver supeditados por la nueva competición-promotora llamada Zuffa Boxing (propiedad en un 60% de SELA, empresa del Fondo de Inversión Público de Arabia Saudí, y un 40% de la estadounidense TKO).
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El boxeo, en pie de guerra: en marcha una de las mayores demandas de la historia del deporte
